jueves, 14 de enero de 2010

Ella...

Y mientras acariciaba los senos de una más, dentro de la clandestinidad del encuentro oscuro...pensaba en ella. En sus ojos negros. En la inocencia que no le pudo quitar. Todo lo que perdió tras las miradas traviesas y las frases escurridizas.
Su conciencia terminó guardando culpas. Ahora ya cargaba con la pesadumbre de la infidelidad por esta y muchas otras noches, con esta y muchas otras mujeres, por este y muchos otros lugares.
Y aun así, de lo que más se arrepentía, por lo que más sufría, de donde más remordimiento emanaba era de no haberla tenido a ella.
De tener que evadir su ausencia con encuentros de cama mediocres y variados.
De conformarse con el sueño de sus labios mordidos de ansias por lo prohibido.
De husmear su aroma en lugar de adentrarse en él.
De darle a la duda y la indecisión la oportunidad de alejarla.
Ahora la extraña, con rabia, con impotencia, con gritos ahogados por volverla a ver.
Hundido en la vergüenza de su decepción provoca placeres desenfrenados, que él mismo ya no siente, venidos de la fuerza iracunda del recuerdo.
Cansado, más del corazón que del cuerpo, cuenta una lágrima más que no llora para reunirla al océano de dolor y desesperanza que le produce su existencia miserable, su rutina voluntaria y su error imperdonable.


Soledad

1 comentario:

  1. mujer erz la onda! escribes genial! sigue aprovechando tu talento k pokas hay como tu! t deseo lo mejor siempre y ya sabez no? te kiero masivamente gracias por tu amistad y tu apoio! te kieroo! zenzoalota jaja! besos!
    Anonimament..Ruth!

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