Y se fue, se desvaneció, dejando de querer a aquello que aun le quiere...a él.
Abatido de soledad descansa en la cama de su desventura, de su desamor. Simulando una entrega desleal a la muerte.
Más no es así, deseos de vivir si tiene, sólo para saber si ella desaparecerá con el tiempo o se quedará ahí perpetuamente como muchas voces auguran.
Y es que, si hubo quien esperó 50 años ¿por qué él habría de dejar de creer?
Quiere dejar de soñarla, dormido o despierto.
Quiere dejar de pensar en ella o por lo menos que ya no duela tanto.
Volverla lo más pronto posible en un recuerdo seco.
Hacerla parte de un pasado olvidale.
Quitarse la costra sin dejar cicatriz.
Cerraba los ojos gritando por un sueño sin sueños, pero la oscuridad de esa noche tenía más luz que nunca otra. El silencio le pareció un estado utópico, una fantasía del hombre.
Y mientras, la noche suelta su carcajada. Una víctima más que se pierde en la locura del desasosiego.
Soledad

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