miércoles, 16 de junio de 2010

Agonía Vespertina

5:45 p.m.

Los cables se conectan a los arboles y las relaciones -con kilómetros como verdugos- se encuentran planas presentando nuevas caras y situaciones. Entre tanto, las cortas se acercan un poco más y los bigotes salen a buscar periódicos para zambullirse.

Lentes oscuros, cafés cargados, amantes separados.

5:50 p.m.

Sentado esperando que la calma llegue. Ellos, en cambio, corren para alcanzarla. 

Papeles en regla, lecciones en tutú, amantes apresurados. 

5:55 p.m.

Los dedos se siguen desplazando de cuadro en cuadro. Los ojos mirando imágenes de dos dimensiones viviendo en otra más profunda.
Uno, dos, tres, cuatro cuartetos de patas en ritmo...coleando y viviendo.

Cigarros clandestinos, mochilas viajeras, amantes desesperados.

6:00 p.m.

Un llamado general y estruendoso para los pies penitentes. 
Un hombre firme que preserva su dureza aun en medio del flujo  de aguas ni muy claras ni muy turbias.

Munditos solitarios, ramas secas y pulcras, amantes encontrados.

"Todo aquello se detuvo. 
Todo, menos el temblor de mi corazón"


domingo, 13 de junio de 2010

Mientras...

Y mientras la lluvia aplasta tu ansiedad, tu soledad, en esta tarde en que nada esperas y mucho sufres te das cuenta.
Caes en la cruel verdad de que fue tu miedo el que no te dejo vivirla.

Desperdiciaste tantos "te quiero" e ignoraste tantas miradas, pensando en lo que sería y ahora -mojado viendo al suelo-, entiendes que este momento es aquel "sería".
La tocaste mas no la sentiste, resintiéndote a dejar tu alma en su aliento, a dejar tu ser en sus ojos.
Todo para que terminaras sin ser y sin alma.

No lo intentes, esos latigazos llenos de hubiera no harán que regrese, ni ella ni su sonrisa escondida y traviesa.

Los arroyos improvisados que pasan por tus pies sólo te recuerdan la sentencia antes dicha:
"Te voy a dejar porque es hora, porque es tiempo.
Porque tengo terror de que me dejes a mí,
de que tu luz haga más grandes los dolores de quererte tanto y guardarlo todo.

Por eso despierto ahora, antes de que me alcance el sol y me de cuenta de que mi almohada escurre de lágrimas de saberte tan bella y saberme tan incapaz...

Me alejo sabiendo que estarás bien."

¿Quién te creíste para saber eso?

No te engañes, tu abandono no fue altruismo, fue cobardía de entregar más por pensar que te quedarías vacío.

"¿Más vacío que esto? Sin ella, sin mí, sin nadie"
Lo peor de esto es que mientras más te empapas más sordo te vuelves al corazón que te grita que ella sigue mirando al cielo esperando que lo mires también.

Soledad