Un encuentro casual y certero. La coincidencia quiso aparecer ese día, improvisada y sin aviso mientras sus pensamientos y divagaciones se acomodaban dentro de la espera de él y la prisa de ella.
Su único común fue el momento, el instante, la mirada. Esa probada de plenitud dentro de una vida rápida y sin miramientos, donde los detalles son invisibles pero necesarios para armar la rutina de otro día más.
Tres segundos que se atrevieron a retar el paralelismo de dos cotidianidades, de dos historias alternas y, hasta ese momento, imperturbables .
Tres segundos que decidieron tocarse y dar una ilusión sin esperanza de un encuentro fortuito, quizás, con más futuro.
Soledad

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